El Banco de España avisa de que la deuda pública estará por encima del 110% del PIB en 2030 si no hay ajustes

El contundente “gasten cuanto puedan” de la jefa del FMI, Kristalina Georgieva, se convierte en un más tímido “la retirada prematura de los estímulos aumentaría el riesgo de daños más duraderos” en boca del gobernador del Banco de España, Pablo Hernández de Cos. La línea es la misma, aunque en un tono notablemente más cauto: la austeridad expansiva, el oxímoron acuñado una década atrás, ha quedado relegado al cajón de los grandes desastres de la historia económica europea y la lección parece aprendida: todavía no es el momento de pensar en recortes o subidas drásticas de impuestos. Aún no, pero ese día llegará.

“Una vez afianzada la recuperación será necesario implementar un programa de consolidación fiscal para reconducir la dinámica de la ratio de deuda pública sobre PIB”, ha subrayado el director del servicio de estudios del organismo, Óscar Arce, en la presentación de un informe anual convertido en monográfico sobre las consecuencias económicas de la pandemia. “En ausencia de un esfuerzo fiscal” la ratio se situará, “incluso en el mejor escenario”, por encima del 110% del PIB en 2030 tras alcanzar el 120% este año. Si, por el contrario, España se embarca en un “esfuerzo fiscal estructural” y cumple el Pacto de Estabilidad y Crecimiento europeo (déficit anual inferior al 3%), los pasivos públicos bajarían del 100% del PIB a una década vista, un nivel similar al anterior a la pandemia.

“En este momento no caben dudas: la política fiscal tiene que actuar de forma contundente para salvar empleos y empresas, y evitar así enormes costes sociales y económicos a medio y largo plazo”, apunta Hernández de Cos. “Pero una vez superada la crisis, nos encontraremos con el mayor nivel de deuda pública en muchas décadas. Tendremos entonces que embarcarnos en reformas presupuestarias profundas que reduzcan el endeudamiento y den margen para afrontar posibles dificultades futuras”.

Ese esfuerzo futuro, escriben los economistas del organismo, sería “más eficiente” si fuera acompañado por reformas estructurales que eleven el crecimiento y hagan “menos costosa” la digestión de la deuda. El programa de reconducción de la senda fiscal de largo plazo, zanja Arce, “debe ser gradual y ser comunicado con claridad y prontitud tanto a los socios europeos como a los mercados de capitales. Todo lo que sea ganar confianza y recuperación en los mercados de capitales es bueno: que se entienda que después de este esfuerzo temporal hay planes de volver a niveles más bajos de deuda sobre PIB”.

Los técnicos del Banco de España atisban un ajuste fiscal “importante” para España. “Nos va a llevar a tocar varias palancas, con un mix de impuestos y gastos lo menos perjudicial posible para el crecimiento económico”, desliza el jefe de estudios del Banco, que ve margen en dos ámbitos: elevar los tipos de IVA reducidos y superreducidos, y elevar los gravámenes ambientales. “Pero en ningún momento estamos hablando de subir estos impuestos ahora mismo: toca mantener el impulso fiscal y solo una vez que esa recuperación esté bien asentada, llevar a cabo ese proceso”, enfatiza. “Es absolutamente factible devolver la deuda pública a niveles más manejables”.

¿Cuándo debe producirse el ajuste? “No hemos hecho el ejercicio sobre el timing preciso. Hay que tocar muchas cosas. Cuándo y cómo hacerlo va a depender de muchos factores difíciles de anticipar en este momento”, remarca Arce. Sobre la posibilidad de acudir al MEDE, el mecanismo europeo de rescate, el director general de Economía y Estadística del Banco de España no tiene dudas: “Si las condiciones que ofrece son mejores que las de mercado, sin duda iría. En ocasiones se comete el error de estigmatizar el acceso a los recursos europeos: es el momento de desinflar esa esquizofrenia y si los números salen, ahí está el MEDE. Igual que el BCE. Desde un punto de vista económico, son argumentos que no son sensatos”. El jefe de estudios del Banco de España también llama a cerrar “cuanto antes” el enorme plan europeo de inversión para la reactivación económica.

La sacudida económica derivada de la crisis sanitaria será transitoria, no estructural, y la recuperación llegará en la segunda mitad de este mismo año. 2021 será un ejercicio de crecimiento “a tasas relativamente elevadas” —aunque a años luz del desplome del PIB en 2020, que será de doble dígito— y el rebote debería continuar en años sucesivos, pero el regreso a los niveles de actividad previos al coronavirus no se producirá hasta, como pronto, finales de 2022. “Sobre la dirección de la recuperación no hay dudas, sobre la intensidad sí: aún no tenemos información fidedigna como para ir mucho más allá con cifras. Serán muy importantes los datos sobre reactivación de los ERTE”, completa Arce. La vuelta a la vida irá por barrios: los sectores más golpeados (transporte, turismo, hostelería, servicios en general) serán también los que más les costará regresar a los niveles previos al desplome. Y eso ensanchará la brecha de la desigualdad, con las mujeres y los menores de 35 años como grandes damnificados en un mercado laboral en el que el Banco de España llama a cerrar la histórica dualidad entre contratos fijos y temporales, incentivar los mecanismos de flexibilidad interna en las empresas y poner en marcha la ya famosa mochila austriaca.

El fantasma de la morosidad bancaria

Toda caída del PIB tiene un efecto directo sobre la morosidad de hipotecas y créditos. Los cálculos del Banco de España apuntan a que, por cada descenso de un punto porcentual en el PIB español los impagos crecen un 0,7%, “aunque no se puede descartar un posible efecto no lineal, que diera lugar a un mayor aumento de los impagos”. Pero también a un “ajuste mucho más rápido que en anteriores crisis” dado el rebote previsto para 2021, los programas de avales y apoyo a la renta de hogares y empresas, y la acción del BCE —más ágil que una década atrás: otra lección aprendida—. Con todo, el supervisor cree que este revés para la banca forzará a las entidades a “mejorar su eficiencia y reducir costes: a medio plazo, una vez que la recuperación esté perfectamente asentada, será el momento de pensar de nuevo en la construcción de nuevos colchones de capital. “Su posición de partida es más sólida, pero debemos estar vigilantes”.

La morosidad ha mejorado notablemente en el último lustro, pero incluso antes de que llegase el coronavirus seguía por encima del nivel previo a la crisis financiera. “La exposición de la banca a los sectores que lo van a pasar peor en esta crisis es más elevada que en 2008″, cierra Arce. “Va a ser crucial el ritmo de recuperación de la economía. Hay que evitar que esta crisis, que en origen no es financiera, acabe siéndolo: la experiencia histórica dice que estas acaban siendo más profundas y más prolongadas”.

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